Pigmalión

La habitación está prácticamente en silencio. Sólo se escucha la respiración entrecortada de Pigmalión y el contacto de la gubia sobre el marfil, en el que poco a poco va formándose la figura de una mujer. Pigmalión la talla con paciencia, observando cada detalle, calibrando cada gesto. Apenas terminada, se da cuenta de que es la escultura más hermosa de cuantas ha hecho. Incrédulo, admira su propia obra. Acaricia cada volumen, cada pliegue. Su mirada se pierde en los ojos trepanados, profundos, y se desliza hasta llegar a los labios. Allí se queda, hasta que se atreve a besarlos. Nota cómo la frialdad del marfil le roba su propio calor, y siente deseos de abrazar a aquella mujer. Muy despacio, acerca su cuerpo al de ella. Atormentado por la rigidez de su contacto, la estrecha aún con más fuerza. Y así, sintiendo el dolor que le produce la presión del marfil en su cuerpo, le pide a la diosa Venus que le conceda una mujer semejante a ésa que no puede responder a sus caricias. Entonces nota cómo sus manos ahondan en la escultura, cómo son capaces de dejar marcada la piel. Acaricia la espalda, y un estremecimiento recorre el cuerpo entero. Mira sus ojos, y vuelve a perderse en su profundidad, esta vez sin límites. Besa sus labios, y éstos lo acogen cálidos. La habitación sigue estando prácticamente en silencio. Sólo se escuchan dos respiraciones entrecortadas.

4 comentarios en “Pigmalión

  1. Muy bueno, pero…. muy corto, lo bueno en frascos pequeños, jejejej, un beso, "Asieta"

  2. la profecía que se cumple a sí misma… Mañana voy a por plastilina 😉

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